POEMAS

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Las huellas de los místicos.

A lo largo de la historia los místicos cristianos, árabes y judíos han dejado huella de su experiencia y de su camino recorrido hacia la iluminación. En esta página mostramos ejemplos de los místicos de las “tres culturas” que han inspirado al autor para escribir la novela “La Llamada”.

1. Ibn Gabirol:

2013-10-19 11.09.48
Eres Uno, el principio de toda enumeración,
y la base de todo edificio.
Eres uno y, por el misterio de tu Unidad,
la razón de los sabios queda estupefacta,
porque de ello no conocen nada…
En efecto, no se concibe en Ti
ni multiplicación ni modificación…
Eres Uno. Tu sublimidad y tu trascendencia
no pueden disminuir ni descender.
¿Podría existir el Uno que decae?
Ibn Gabirol (1021-1058)

                                                                                                                       

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                                                                                                                                                                    2. Rumi – Mewlana.

Rumi

Alguien fue hasta la puerta del Amado y tocó.
Una voz le preguntó: ¿Quién está ahí?,
Él contestó:«Soy yo»
La voz dijo: «No hay lugar para Yo y Tú».
La puerta se cerró
Luego de una año de soledad y privación, regresó.
Tocó la puerta.
Desde el interior una voz preguntó: «¿Quién está ahí?».
El hombre dijo: «Soy Tú».
La puerta se abrió para él.
Rumí – Mewlana (1207-1273).

                                                                                                                     

3. Santa Teresa de Jesús:

Vivo sin vivir en mí santa-teresa-de-avila
y tan alta vida espero
que muero porque no muero.
 
Vivo ya fuera de mí,
después que muero de amor,
porque vivo en el Señor,
que me quiso para sí; 
cuando el corazón le di 
puso en mí este letrero:
«Que muero porque no muero».  
 
Esta divina unión,
y el amor con que yo vivo, 
hace a mi Dios mi cautivo
y libre mi corazón; 
y causa en mí tal pasión
ver a mi Dios prisionero,
que muero porque no muero.
 
¡Ay, qué larga es esta vida!
¡Qué duros estos destierros,
esta cárcel y estos hierros 
en que está el alma metida!
Sólo esperar la salida
me causa un dolor tan fiero,
que muero porque no muero.  
 
Acaba ya de dejarme,
vida, no me seas molesta;
porque muriendo, ¿qué resta,
sino vivir y gozarme?
No dejes de consolarme,
muerte, que así te requiero: 
que muero porque no muero.
 
Santa Teresa de Jesús (1515-1582).
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